Sylvester Stalone, Rocky Balboa

Yo no era nadie, pero eso tampoco importa

No es ésta la primera referencia a una película sobre boxeo que aparece en este blog. Tampoco será la última.

Hoy: Rocky (John G. Avildsen y guión de Sylvester Stallone, 1976). No es una obra maestra pero es una película dignísima cuyo recuerdo ha sido desvirtuado por la posterior trayectoria del protagonista y de la saga.

Rocky es la historia de superación de un hombre que se sabe un fracasado y al que de repente le llega una oportunidad -quizá la primera y última en su vida- cuando le proponen luchar contra el invicto Apollo Creed en un desigual combate para más gloria del campeón en que el bueno de Rocky Balboa no tiene más posibilidad de éxito que la de mantenerse en pie al final del combate.

Yo no era nadie, pero eso tampoco importa. Porque estaba pensando que no importa si pierdo esta pelea. Tampoco importa si ese tipo me abre la cabeza porque sólo tengo que guardar la distancia. Nadie ha guardado la distancia con Apollo Creed… y si yo guardo la distancia y la campana suena y yo aún estoy de pie en ese momento voy a saber por primera vez en mi vida que yo no era solo un vago más del barrio. Rocky Balboa

Rocky Balboa es un héroe del pueblo, pero del pueblo de verdad y no del pueblo del imaginario de las clases medias. Rocky es como nosotros… pobre y torpe, cuya única virtud es saber encajar los golpes y levantarse.

 

 

Walter Benjamin

Nos hemos vuelto pobres

Nos hemos vuelto pobres. Hemos ido perdiendo uno tras otro pedazos de la herencia de la humanidad; a menudo hemos tenido que empeñarlos en la casa de préstamos por la centésima parte de su valor, a cambio de la calderilla de lo «actual». Nos espera a la puerta la crisis económica, y tras ella una sombra, la próxima guerra. Aguantar hoy se ha convertido en cosa de unos pocos poderosos, que Dios sabe que son más humanos que la mayoría; suelen ser más bárbaros, pero no en la buena forma. Y los otros tienen que arreglárselas, una vez más, con poco. Recurren a los hombres que han hecho su causa de lo completamente nuevo y que, además, lo basan en el conocimiento y la renuncia. En sus edificios, sus cuadros y sus historias, la humanidad se prepara para sobrevivir a la cultura, si es que esto le fuera necesario. Y lo más importante es que lo hace riendo. Y tal vez esa risa pueda sonar bárbara en uno y otro sitio. Bueno. El individuo puede ceder a veces un poco de humanidad a esa masa que, un día, se la devolverá con intereses.
Walter Benjamin (1892-1940), Experiencia y pobreza

[Fuente de la imagen]

Europeans only, fotografía de Peter Magubane. Sudáfrica.

Se cerrarán los ojos de los hombres

Se cerrarán los ojos de los hombres y reescribirán la Historia.

Quizá haya que simplificar e infantilizar los relatos para permitir la convivencia y no avergonzarse de nosotros mismos -no lo sé- pero no hay que olvidar que el pasado siempre fue tan cruel como el presente y que la Historia se escribe en las carnes de sus protagonistas. Así fotografió Peter Magubane la Sudáfrica del apartheid.

Se cerrarán los ojos de los hombres y quedarán las fotografías.


[Fuentes de las imágenes: Meetup y ICP]

Simone de Beauvoir fotografiada por  Henri Cartier-Bresson

La belleza es aún más difícil de explicar que la felicidad

La belleza es aún más difícil de explicar que la felicidad. Lo dijo Simone de Beauvoir. Este blog se pregunta a menudo por la felicidad sin mucho éxito, pero sí ha llegado a la conclusión de que quizá la única militancia que merezca la pena sea la del conocimiento y la de la belleza (por inexplicable que sea ésta).

Simone de Beaviour también dijo Las personas felices no tienen historia. Esto serviría para ratificar la idea que este blog defiende de que la felicidad es efímera. Un instante en que no hay consciencia ni del pasado ni del futuro. Seguridad y plenitud.

A partir de las citas de Simone de Beauvoir intentaremos meditar sobre belleza y felicidad como conceptos vinculados.

 

[Imagen: Simone de Beauvoir fotografiada por Henri Cartier-Bresson]

Victor Mature y J. Farrell MacDonald

Siempre fui camarero

Este blog se declara incondicionalmente fordiano y en buena parte es por los personajes secundarios de sus películas, que ponen el contrapunto sarcástico y realista del mundo de los eternos perdedores.

Pasión de los fuertes (My Darling Clementine, 1946) es uno de los westerns más recordados de John Ford pero aquí la recordamos por un cortísimo diálogo que mantienen Henry Fonda (sheriff Wyatt Earp)  y J. Farrell MacDonald (viejo camarero) en la barra del salón.

Le pregunta un melancólico Fonda a Farrell MacDonald  ¿Alguna vez estuviste enamorado? y el bueno del camarero responde No, yo siempre fui camarero.

Y es que el amor siempre fue cuestión de clases y diga lo que diga la publicidad no todo el mundo puede permitirselo.

[En la foto: Victor MatureJ. Farrell MacDonald en Pasión de los fuertes]

Jean Cocteau by  Philippe Halsman

Lo consiguieron porque no sabían que era imposible

Lo consiguieron porque no sabían que era imposible dijo Jean Cocteau. ¿A qué se refería? Quizá a la felicidad, palabra sobre la que también nos enseñó: Es muy difícil hacer bella la felicidad. Una felicidad que sólo es ausencia de desdicha es cosa fea.

Como le gusta recordar a este blog: Nec metu nec spe . Audaces Fortuna iuvat.  Sin miedo ni esperanza. La Fortuna ayuda a los audaces.

[Fotografía de Philippe Halsman]

Gregory Peck Dies at 87

Que hayamos perdido cien veces antes de empezar no es motivo para que no intentemos vencer

Que hayamos perdido cien veces antes de empezar no es motivo para que no intentemos vencer. La frase la dice Gregory Peck encarnando a Atticus Finch en Matar a un ruiseñor (Robert Mulligan, 1962).

Cita bien hallada para un 1º de mayo.