Sylvester Stalone, Rocky Balboa

Yo no era nadie, pero eso tampoco importa

No es ésta la primera referencia a una película sobre boxeo que aparece en este blog. Tampoco será la última.

Hoy: Rocky (John G. Avildsen y guión de Sylvester Stallone, 1976). No es una obra maestra pero es una película dignísima cuyo recuerdo ha sido desvirtuado por la posterior trayectoria del protagonista y de la saga.

Rocky es la historia de superación de un hombre que se sabe un fracasado y al que de repente le llega una oportunidad -quizá la primera y última en su vida- cuando le proponen luchar contra el invicto Apollo Creed en un desigual combate para más gloria del campeón en que el bueno de Rocky Balboa no tiene más posibilidad de éxito que la de mantenerse en pie al final del combate.

Yo no era nadie, pero eso tampoco importa. Porque estaba pensando que no importa si pierdo esta pelea. Tampoco importa si ese tipo me abre la cabeza porque sólo tengo que guardar la distancia. Nadie ha guardado la distancia con Apollo Creed… y si yo guardo la distancia y la campana suena y yo aún estoy de pie en ese momento voy a saber por primera vez en mi vida que yo no era solo un vago más del barrio. Rocky Balboa

Rocky Balboa es un héroe del pueblo, pero del pueblo de verdad y no del pueblo del imaginario de las clases medias. Rocky es como nosotros… pobre y torpe, cuya única virtud es saber encajar los golpes y levantarse.

 

 

Fat City, John Huston

No sólo éramos felices… ¡Además lo sabíamos!

No sólo éramos felices… ¡Además lo sabíamos!, Rudyard Kipling.

Me cuesta definir la felicidad, creo que no podría hacerlo… quizá intentar ponerle límite sea traicionar el mismo concepto de felicidad. Lo que sí sé es que es una sensación efímera y que esa fugacidad la hace más hermosa. Volviendo a la frase de Kipling… trágico debe de ser no ser consciente de la propia felicidad.

Sigo pensando y me viene a la cabeza una película de John Huston (Fat city, 1972) con una secuencia final demoledora. Dos boxeadores sin presente ni futuro (Stacy Keach y Jeff Bridges) se lamentan de su suerte en la barra de una destartalada cafetería de Stochkton donde son atendidos por un viejo camarero chino indoletente. Uno de los boxeadores le pregunta al otro «¿Crees que el viejo es feliz?»… se hace el silencio y poco después su compañero masculla resignadamente en forma de respuesta «Quizá todos seamos felices». FIN.

Trágico es no ser consciente de la propia felicidad. Imperdonable renunciar a ella. Si la encuentras, compártela.

El ayer está muerto y enterrado
y el futuro lejos de la vista.

Es triste estar solo,
ayúdame a pasar la noche.

No me importa lo que esté bien o mal,
yo no trato de entender.

Deja que el diablo se lleve el mañana,
porque esta noche tengo una amiga.

Extracto de la canción de Kris Kristofferson «Help Me Make It Through The Night» con la que comienza Fat city.