Orson Wwlles en el Tercer Hombre

Recuerda lo que dijo no sé quién

La frase se la dice Orson Welles a Joseph Cotten en la película El tercer hombre (Carol Reed, 1949).

Recuerda lo que dijo no sé quién: en Italia, en treinta años de dominación de los Borgia, hubo guerras, matanzas, asesinatos… pero también Miguel Ángel, Leonardo y el Renacimiento. En Suiza, por el contrario, tuvieron quinientos años de amor, democracia y paz. ¿Y cuál fue el resultado? ¡El reloj de cuco!

Tema de Harry Lime (El Tercer Hombre) – Gertrud Huber

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Burt-Lancaster-Gatopardo

La cuestión de Lampedusa

Personas malviven o mueren en el Gurugú y él Mediterráneo intentando llegar a Europa huyendo de la nada. A menudo los medios de comunicación nos hablan de Lampedusa, una isla italiana cercana a Sicilia a la que llegan los cadáveres de los que murieron en el viaje. Es oír Lampedusa y nos acordamos de El gatopardo, la novela de  Giuseppe Tomasi di Lampedusa y de la película del mismo título de Luchino Visconti.

Un momento cumbre de la película es la conversación que Burt Lancaster un otoñal noble siciliano  que ve cómo su mundo se derrumba con la revolución de Garibaldi mantiene con uno de sus herederos al que ordena que se integre en las filas revolucionarias. Ante la perplejidad del joven que no entiende las instrucciones, Burt Lancaster responde tajantemente Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie. Es decir, cambiarán el nombre de las cosas y los colores de las banderas pero todo continuará igual.

Ésa es la sensación que tiene este blog cada vez que oye que la Unión Europea pretende atajar la situación… habrá nuevos discursos, habrá nuevas leyes… pero las personas seguirán muriendo.

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Como lágrimas en la lluvia

Como lágrimas en la lluvia

Se cumple un año del fallecimiento del gran actor de doblaje Constantino Romero (1947-2013) y este blog no tiene palabras suficientes para recordarlo. Quizá lo mejor sea revivir el famoso monólogo final de Blade Runner (Ridley Scott, 1982)

Es toda una experiencia vivir con miedo, ¿verdad? Eso es lo que significa ser esclavo. Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto rayos c brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Mauthausen. Todos esos momentos se perderán en el tiempo. Como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir.

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Sylvester Stalone, Rocky Balboa

Yo no era nadie, pero eso tampoco importa

No es ésta la primera referencia a una película sobre boxeo que aparece en este blog. Tampoco será la última.

Hoy: Rocky (John G. Avildsen y guión de Sylvester Stallone, 1976). No es una obra maestra pero es una película dignísima cuyo recuerdo ha sido desvirtuado por la posterior trayectoria del protagonista y de la saga.

Rocky es la historia de superación de un hombre que se sabe un fracasado y al que de repente le llega una oportunidad -quizá la primera y última en su vida- cuando le proponen luchar contra el invicto Apollo Creed en un desigual combate para más gloria del campeón en que el bueno de Rocky Balboa no tiene más posibilidad de éxito que la de mantenerse en pie al final del combate.

Yo no era nadie, pero eso tampoco importa. Porque estaba pensando que no importa si pierdo esta pelea. Tampoco importa si ese tipo me abre la cabeza porque sólo tengo que guardar la distancia. Nadie ha guardado la distancia con Apollo Creed… y si yo guardo la distancia y la campana suena y yo aún estoy de pie en ese momento voy a saber por primera vez en mi vida que yo no era solo un vago más del barrio. Rocky Balboa

Rocky Balboa es un héroe del pueblo, pero del pueblo de verdad y no del pueblo del imaginario de las clases medias. Rocky es como nosotros… pobre y torpe, cuya única virtud es saber encajar los golpes y levantarse.

 

 

Gregory Peck Dies at 87

Que hayamos perdido cien veces antes de empezar no es motivo para que no intentemos vencer

Que hayamos perdido cien veces antes de empezar no es motivo para que no intentemos vencer. La frase la dice Gregory Peck encarnando a Atticus Finch en Matar a un ruiseñor (Robert Mulligan, 1962).

Cita bien hallada para un 1º de mayo.

Elodie Bouchez en Los Juncos Salvajes

Como juncos salvajes

Entre las películas favoritas de este blog está Los juncos salvajes  de André Téchiné (1994), una deliciosa película que narra el paso de la adolescencia a la madurez de unos jóvenes franceses durante los duros años de la guera de Argelia. El título viene a cuento del film Las fresas salvajes  de Ingmar Bergman (1957) y  la fábula de Esopo El roble y el junco que tienen gran importancia dentro del relato de Techiné.

Había una vez, un roble y un junco que vivían al lado de un río. Ambos hablaban y convivían juntos. Cerca del río, siempre corrían tiernas brisas que doblaban al liviano junco, el roble de éste se burlaba:

-¡Ja! Siempre doblegándose a la más leve brisa, entregándose a las manos del viento, en cambio yo, no me doblego, siempre fiel a mi firmeza. ¡Nada puede derribarme!

El junco siempre se entristecía, al ver a su fuerte amigo resistir el viento. Un día, un ventarrón asoló la zona cercana al río, el viento corría con mucha fuerza e impetú, el junco se dobló al viento y así pasó la tormenta, mientras que el roble se resistía al viento, cuando no pudo más y se derribó por completo.

Al otro día, el junco veía a su vecino el roble tirado en la orilla, éste lloraba y se quejaba mientras el junco le replicó:

-¿No te burlabas tú  porque me doblego al más leve viento? Pues yo tan solo me doblé ante éste, y tú, por mucho resistirte te has partido.

Conclusión: el orgullo tiene un límite… pero siempre salvajes.

 

[Fuente de la fábula]
[Imagen: Elodie Bouchez en los Juncos salvajes]

Fat City, John Huston

No sólo éramos felices… ¡Además lo sabíamos!

No sólo éramos felices… ¡Además lo sabíamos!, Rudyard Kipling.

Me cuesta definir la felicidad, creo que no podría hacerlo… quizá intentar ponerle límite sea traicionar el mismo concepto de felicidad. Lo que sí sé es que es una sensación efímera y que esa fugacidad la hace más hermosa. Volviendo a la frase de Kipling… trágico debe de ser no ser consciente de la propia felicidad.

Sigo pensando y me viene a la cabeza una película de John Huston (Fat city, 1972) con una secuencia final demoledora. Dos boxeadores sin presente ni futuro (Stacy Keach y Jeff Bridges) se lamentan de su suerte en la barra de una destartalada cafetería de Stochkton donde son atendidos por un viejo camarero chino indoletente. Uno de los boxeadores le pregunta al otro “¿Crees que el viejo es feliz?”… se hace el silencio y poco después su compañero masculla resignadamente en forma de respuesta “Quizá todos seamos felices”. FIN.

Trágico es no ser consciente de la propia felicidad. Imperdonable renunciar a ella. Si la encuentras, compártela.

El ayer está muerto y enterrado
y el futuro lejos de la vista.

Es triste estar solo,
ayúdame a pasar la noche.

No me importa lo que esté bien o mal,
yo no trato de entender.

Deja que el diablo se lleve el mañana,
porque esta noche tengo una amiga.

Extracto de la canción de Kris Kristofferson “Help Me Make It Through The Night” con la que comienza Fat city.

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Todos acudieron en auxilio del vencedor

Corría el año 1951 y el guionista Carl Foreman recibe una notificación para que se presente a declarar en Washington ante el  Comité sobre Actividades Antiamericanas del honorable senador  Joseph McCarthy. En el transcurso de la investigación se niega a delatar a sus compañeros lo que le conllevará ser incluido en las listas negras.

En otro lugar, Will Kane -sheriff del pequeño pueblo de Hadleyvillese– recibe la noticia de que un matón al que hacía tiempo había detenido ha quedado en libertad y se aproxima hacia el pueblo junto con su banda con la declarada intención de matarlo. Hablamos de la película Solo ante el peligro de Fred Zinnemann.

Gary Cooper solicita ayuda a sus convecinos para enfrentarse a la banda de forajidos que se acerca al pueblo. Todos le dan la espalda y le aconsejan que huya de la ciudad. El solitario sheriff decide permanecer en la ciudad y hacer frente a la amenaza mientras el resto de vecinos se esconde en sus casas. Milagrosamente, Gary Cooper consigue acabar con los pistoleros con la ayuda de su novia Grace Kelly.

Secuencia final de la película. Tras la victoria del sheriff todo el pueblo sale de sus escondites a abrazarlo y felicitarlo mientras el protagonista rechaza las muestras de cariño sin terciar palabra, se quita la estrella que pendía de su chaleco, la deja en el suelo y marcha en una carreta hacia el horizonte con la única compañía de su amada tras haber cumplido con su deber y sus convicciones.

El guionista de Solo ante el peligro se llamaba Carl Foreman, el mismo que fue citado ante el  Comité sobre Actividades Antiamericanas, se negó a delatar a sus compañeros y fue incluido en las listas negras del honorable senador Joseph McCarthy. ¿Casualidad? ¿Conclusiones?

Todos acuden en auxilio del vencedor. Quizá también el guionista Carl Foreman se quedó solo ante el peligro.