Fat City, John Huston

No sólo éramos felices… ¡Además lo sabíamos!

No sólo éramos felices… ¡Además lo sabíamos!, Rudyard Kipling.

Me cuesta definir la felicidad, creo que no podría hacerlo… quizá intentar ponerle límite sea traicionar el mismo concepto de felicidad. Lo que sí sé es que es una sensación efímera y que esa fugacidad la hace más hermosa. Volviendo a la frase de Kipling… trágico debe de ser no ser consciente de la propia felicidad.

Sigo pensando y me viene a la cabeza una película de John Huston (Fat city, 1972) con una secuencia final demoledora. Dos boxeadores sin presente ni futuro (Stacy Keach y Jeff Bridges) se lamentan de su suerte en la barra de una destartalada cafetería de Stochkton donde son atendidos por un viejo camarero chino indoletente. Uno de los boxeadores le pregunta al otro «¿Crees que el viejo es feliz?»… se hace el silencio y poco después su compañero masculla resignadamente en forma de respuesta «Quizá todos seamos felices». FIN.

Trágico es no ser consciente de la propia felicidad. Imperdonable renunciar a ella. Si la encuentras, compártela.

El ayer está muerto y enterrado
y el futuro lejos de la vista.

Es triste estar solo,
ayúdame a pasar la noche.

No me importa lo que esté bien o mal,
yo no trato de entender.

Deja que el diablo se lleve el mañana,
porque esta noche tengo una amiga.

Extracto de la canción de Kris Kristofferson «Help Me Make It Through The Night» con la que comienza Fat city.